Archivos para marzo, 2010

Esta semana ha sido bastante extraña, no me puedo concentrar en nada, ni en una platica, ni en una película, ni en dormir, por lo mismo no puedo encontrar la respuesta, ¿por qué estoy tan distraído?

Dicen que recordar momentos y cosas de la infancia te ayudan a despejarte, así que intentémoslo.

Empecemos con algo que recordé desde la mañana de ayer, mientras desayunaba mi cereal. Ahora quiero un Chewbacca, en figura de acción o en muñeco de peluche.

Cuando tenía cerca de 7 años y cuando Santoclós todavía me visitaba, era costumbre que por aquellas fechas pre navideñas, unas 2 0 3 semanas antes, mi mamá comenzare a preguntarme que le pediría a Santa, bueno, tengo que confesar que siempre fui muy afortunado y Santoclós siempre se porto bien chido conmigo y casi siempre satisfizo mis peticiones.

Hubo un año en el que mi carta incluía una clara petición, yo quería un Chubaca y lo quería con todas mis fuerzas. Y bueno, la mañana de Navidad era todo júbilo, pues yo por fin tenía en mis manos la grandiosa y genial figura de mi Chubby, con todo y su mortífera ballesta. Chubaca fue el rey, él era el manda más en todos mis juegos de guerra, siempre estaba al mando de todos los demás muñecos, de soldados y de mutantes, era el único que no estaba manchado de sangre. (Pues como siempre quería hacer realista las batallas, yo pintaba a los soldados y demás figuras con un esmalte de uñas que tenía mi mamá color rojo, para simular que habían sido heridos en la lucha)

En fin, en aquella época la casa en donde vivíamos, tenía un gran patio, en donde había una gran higuera, era genial pues había partes con lodo, piedras que simulaban montañas, arena que simulaban desiertos y un sin fin de escenarios. Un día, el mero mero de Chewbacca, fue sometido por las fuerzas oscuras y fue enterrado, junto a la gran higuera, sólo que por alguna razón que aún dudo, mi mamá me llamo con gran urgencia así que deje a todo el escuadrón afuera. Al día siguiente, pasando lista al pelotón, el único ausente fue Chuy. Nunca lo encontré, olvide en donde lo había enterrado y por miedo y pena de contarles a mis papas que no lo encontraba, decidí nunca contarles.

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Un círculo vicioso no es aquel círculo que fuma, no. Es una serie de acciones y adicciones que te llevan a otra y a otra y a otra una peor que la anterior y que terminan y empiezan con lo mismo.

Recién que entre a la escuela estaba mega aburrido, no había nada que me llamara la atención a excepción de dos o tres chicas guapetonas de otras carreras, sin embargo, un día al final del pasillo encontré al amor de mi vida.

No estaba buscándola, ni siquiera sabía que ella estaba ahí, fue una grata sorpresa que cambio mi estancia en la escuela. Fue día súper caluroso, el día de las materias más aburridas y estresantes, yo caminaba hacía el pasillo y fue cuando la encontré, ahí estaba, alta, robusta, y con ese tesoro lleno de magia por dentro.

Desde ese día es mi vicio, es una necesidad, me vuelvo loco si no voy con ella, he soñado con ese sonido celestial del plomp cuando la deliciosa y fría lata cae. Ese ritual de introducir las monedas y recibir a cambio 200 ml de gloria líquida.

Pero, ahora ha surgido una gran duda en lo más oscuro de mi ser, estoy muy confundido pues no sé cual es mi adicción, la deliciosa y refrescante lata con esa temperatura perfecta, el sabor perfecto, y en la cantidad apropiada, o el gran ritual a la deidad de metal, madre de todas las maquinas despachadoras habidas y por haber, madre de las maquinas de café y creadora de las maquinas chicleras y  de dulces, La Maquina Expendedora de Refrescos. Ese ritual de sacrificar unas cuantas piezas de metal en su boca vertical, y tener el privilegio de escoger entre su variedad, apretar el botón y escuchar como algo en sus entrañas conspira para saciar  ansias y encías, y culminar cual orgasmo, con ese gemido, ese sonido de la lata cayendo, “plomp”. Es incomparable.

Hoy, me siento frustrado  y consternado, pues hoy la maquina me dijo con sus ojos de leds rojos, que el producto estaba agotado. Desde lo más profundo de mi corazón espero se recupere pronto o mi mundo se comenzara a desmoronar día a día.


Sólo por hoy, sólo por esta noche, me dejaré invadir por la Melancolía.

Hoy me preguntaré si esta bien el contarte que mi brazo aún me duele, me duele por esa mordida toxica, y que el color de ese moretón pinto mis noches de luna.

Que aún me arrastro por la alfombra, y me revuelco en mi camisa, en busca de ese aroma.

Que aún tiemblo, que me estremezco al recordar esa mirada. Esos ojos en los que podía ver la ilusión y la esperanza.

Que puedo sentir el roce de tu piel, y saborear esos dulces y hermosos labios sabor pastel.

Que secretamente una parte de mi ser sigue siendo adicta a ti. Mi heroína.

Que a pesar del tiempo, y de todo lo ocurrido, puedo cerrar los ojos y sentir ese momento, ese instante en el que el tiempo estaba congelado, en el que no había nadie más que tú y yo.

¿Estará bien contártelo?
…sin duda, no.

 

“I remember you well in the Chelsea Hotel,
that’s all, I don’t even think of you that often.”

Leonard Cohen

 

 

La vida esta echa de momentos
recuerdos, de instantes.
Potentes flashazos a la memoria
que incendian recueros y sentimientos.
Aquellos momentos que le dieron vida a mi vida
que le dieron luz a mis días y desvelo a mis noches
Hoy se ven tan lejanos
en el abismo de la verdad y la ficción
de la realidad y los sueños
Pero, ¿que sería la vida sin esos momentos mágicos?
…nada.

La joven y bella Xana Sousa encarna a Eurídice, a Salome, a la Reina de la Huasteca, y muchas otras identidades, con tal de huir de su cruz, pues ¿Quien dijo que una musa está obligada a inspirar? y ¿Quién dijo que ser una musa era fácil?

Y del otro lado, un pianista que no encuentra la inspiración, que por más que invoca a la ninfa, nomás no aparece la condenada, pues la méndiga anda de país en país, de catre en catre, de fiesta en fiesta, pasando de estar bien borracha tirada en el piso, a flotar en el cosmos en un viaje de peyote.

Sin duda una comedia, divertida y musicalizada por el mejor, Jaime López quien no deja de sorprenderme. Vayan, no se lo pierdan.

“Play again Sam…”